Autor: L.P. (s)

El acelerado crecimiento urbano en el sector de La Islita, comuna de Isla de Maipo, ha desencadenado una crisis de movilidad y servicios que requiere atención urgente. Esta expansión habitacional no solo ha saturado el transporte público y la vialidad, sino que se ha cimentado sobre suelos agrícolas que históricamente han sido el motor laboral de nuestra comunidad. Al desplazar la actividad agropecuaria, se pone en riesgo la seguridad hídrica de la zona, afectando directamente los canales de riego y el consumo de las viñas circundantes, elementos vitales para nuestra identidad y economía local.

Esta situación constituye una amenaza directa a la conservación ambiental y la biodiversidad. Los terrenos rurales actúan como reguladores climáticos y pulmones verdes indispensables; su pérdida irreversible debilita el equilibrio del ecosistema. El razonamiento es claro: si se eliminan las zonas de absorción natural y los predios agrícolas para dar paso al cemento sin planificación, se destruye la base de recursos que sostiene la vida rural. No podemos ignorar que la protección del suelo agrícola es, en esencia, la protección de nuestra calidad de vida futura.

La experiencia de comunas vecinas como Melipilla sirve como una advertencia necesaria. Allí, la urbanización descontrolada y las parcelaciones fuera de norma han derivado en graves problemas de contaminación, inseguridad y falta de servicios básicos como agua potable. Si no se regula el crecimiento en La Islita de forma inmediata, corremos el riesgo de replicar un modelo que genera asentamientos precarios, aumenta la delincuencia en zonas periféricas y degrada el entorno social. Es imperativo actuar antes de que el daño en Isla de Maipo sea, al igual que en otros sectores de la región, irreparable.


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